Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
São Sarbélio Makhluf, presbítero · Tempo Comum
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Ofício das Leituras — São Sarbélio Makhluf, presbítero
Tempo litúrgico: Tempo Comum · Cor: branco · Semana 3 do Saltério · Ciclo C
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhanoCrece la luz bajo tu hermosa mano, Padre celeste, y suben los hombres matutinos al encuentro de Cristo Primogénito. Él hizo amanecer en tu presencia y enalteció la aurora cuando no estaba el hombre sobre el mundo para poder cantarla. Él es principio y fin del universo, y el tiempo, en su caída, se acoge al que es la fuerza de las cosas y en él rejuvenece. Él es la luz profunda, el soplo vivo que hace posible el mundo y anima, en nuestros labios jubilosos, el himno que cantamos. He aquí la nueva luz que asciende y busca su cuerpo misterioso; he aquí, en el ancho sol de la mañana, el signo de su gloria. Y tú que nos lo entregas cada día, revélanos al Hijo, potencia de tu diestra y Primogénito de toda criatura. Amén. $O bien:$ Y dijo el Señor Dios en el principio: "¡Que sea la luz!" Y fue la luz primera. Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Y dijo Dios: "¡Que exista el firmamento!" Y el cielo abrió su bóveda perfecta. Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Y dijo Dios: "¡Que existan los océanos, y emerjan los cimientos de la tierra!" Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Y dijo Dios: "¡Que brote hierba verde, y el campo dé semillas y cosechas!" Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Y dijo Dios: "¡Que el cielo se ilumine, y nazca el sol, la luna y las estrellas!" Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Y dijo Dios: "¡Que bulla el mar de peces; de pájaros, el aire del planeta!" Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Y dijo Dios: "¡Hagamos hoy al hombre, a semejanza nuestra, a imagen nuestra!" Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Y descansó el Señor el día séptimo. Y el hombre continúa su tarea. Y vio el Señor que las cosas eran buenas. ¡Aleluya! Amén.
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Salmodia — Salmo 72-I: Por qué sufre el justo
castelhanoSalmo 72-I: Por qué sufre el justo
_¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya._
¡Qué bueno es Dios para el justo, el Señor para los limpios de corazón! Pero yo por poco doy un mal paso, casi resbalaron mis pisadas: porque envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados. Para ellos no hay sinsabores, están sanos y orondos; no pasan las fatigas humanas, ni sufren como los demás. Por eso su collar es el orgullo, y los cubre un vestido de violencia; de las carnes les rezuma la maldad, el corazón les rebosa de malas ideas. Insultan y hablan mal, y desde lo alto amenazan con la opresión. Su boca se atreve con el cielo. Y su lengua recorre la tierra. Por eso mi pueblo se vuelve a ellos y se bebe sus palabras. Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber, se va a enterar el Altísimo?" Así son los malvados: siempre seguros, acumulan riquezas. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 72-II
castelhanoSalmo 72-II
_Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza._
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón y he lavado en la inocencia mis manos? ¿Para qué aguanto yo todo el día y me corrijo cada mañana? Si yo dijera: "Voy a hablar como ellos", renegaría de la estirpe de tus hijos. Meditaba yo para entenderlo, pero me resultaba muy difícil; hasta que entré en el misterio de Dios, y comprendí el destino de ellos. Es verdad: los pones en el resbaladero, los precipitas en la ruina; en un momento causan horror, y acaban consumidos de espanto. Como un sueño al despertar, Señor, al despertarte desprecias sus sombras. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 72-III
castelhanoSalmo 72-III
_Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya._
Cuando mi corazón se agriaba y me punzaba mi interior, yo era un necio y un ignorante, yo era un animal ante ti. Pero yo siempre estaré contigo, tu agarras mi mano derecha, me guías según tus planes, y me llevas a un destino glorioso. ¿No te tengo a ti en el cielo? Y contigo, ¿qué me importa la tierra? Se consumen mi corazón y mi carne por Dios, mi lote perpetuo. Sí: los que se alejan de ti se pierden; tú destruyes a los que te son infieles. Para mí lo bueno es estar junto a Dios, hacer del Señor mi refugio, y contar todas tus acciones en las puertas de Sion. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoDe la segunda carta a los Corintios $2 Cor 1, 15-2, 11 $
Hermanos: Con este convencimiento decidí empezar por visitaros, así os tocaría un regalo doble: pensé ir a Macedonia pasando por Corinto y volver de Macedonia otra vez para Corinto, para que vosotros me preparaseis el viaje a Judea. ¿Procedí a la ligera haciendo ese proyecto?; ¿o es que mis planes los organizo con miras humanas, quedándome entre el sí y el no? ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no». Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu. Dios me es testigo, por mi vida, que renuncié a ir a Corinto únicamente por consideración con vosotros; y no es que seamos señores de vuestra fe; como en la fe os mantenéis, somos cooperadores en vuestra alegría. Tomé la decisión de no volver a causaros pena con mi visita. Si os entristezco yo, ¿quién me va a alegrar entonces, cuando el único capaz está triste por causa mía? Esto precisamente pretendía con mi carta, que, cuando fuera, no me causarais tristeza, vosotros, que debéis darme alegría; persuadido como estoy de que todos tenéis mi alegría por vuestra. De tanta pena y agobio como sentía, me puse a escribiros con muchas lágrimas, pero no era mi intención entristeceros, sino mostraros el amor tan especial que os tengo. El que ha dado el disgusto no me lo ha dado a mí, sino hasta cierto punto, para no exagerar, a todos vosotros. Bástale a ese el correctivo que le ha impuesto la mayoría. Ahora, en cambio, más vale que lo perdonéis y animéis, no sea que la excesiva tristeza se lo lleve. Por eso, os recomiendo que confirméis la comunión con él; este fue el propósito de mi carta, comprobar vuestro temple y ver si respondíais en todo. Si perdonáis algo, lo perdono yo también, porque mi perdón, si algo tengo que perdonar, sigue al vuestro, teniendo delante a Cristo; quiero evitar que me atrape Satanás, pues no se me ocultan sus intenciones.
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Leitura patrística
castelhanoSan Ignacio de Antioquía $De la carta a los Magnesios (Caps. 6, 1-9, 2: Funk 1, 195-199) $
Como en las personas de vuestra comunidad, que tuve la suerte de ver, os contemplé en la fe a todos vosotros y a todos cobré amor, yo os exhorto a que pongáis empeño por hacerlo todo en la concordia de Dios, bajo la presidencia del obispo, que ocupa el lugar de Dios; y de los presbíteros, que representan al colegio de los apóstoles; desempeñando los diáconos, para mí muy queridos, el ejercicio que les ha sido confiado del ministerio de Jesucristo, el cual estaba junto al Padre antes de los siglos y se manifestó en estos últimos tiempos. Así pues, todos, conformándoos al proceder de Dios, respetaos mutuamente, y nadie mire a su prójimo bajo un punto de vista meramente humano, sino amaos unos a otros en Jesucristo en todo momento. Que nada haya en vosotros que pueda dividiros, antes bien, formad un solo cuerpo con vuestro obispo y con los que os presiden, para que seáis modelo y ejemplo de inmortalidad. Por consiguiente, a la manera que el Señor nada hizo sin contar con su Padre, ya que formaba una sola cosa con él —nada, digo, ni por sí mismo ni por sus apóstoles—, así también vosotros, nada hagáis sin contar con vuestro obispo y con los presbíteros, ni tratéis de colorear como laudable algo que hagáis separadamente, sino que, reunidos en común, haya una sola oración, una sola esperanza en la caridad y en la santa alegría, ya que uno solo es Jesucristo, mejor que el cual nada existe. Corred todos a una como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo que procede de un solo Padre, que en un solo Padre estuvo y a él solo ha vuelto. No os dejéis engañar por doctrinas extrañas ni por cuentos viejos que no sirven para nada. Porque, si hasta el presente seguimos viviendo según la ley judaica, confesamos no haber recibido la gracia. En efecto, los santos profetas vivieron según Jesucristo. Por eso, justamente fueron perseguidos, inspirados que fueron por su gracia para convencer plenamente a los incrédulos de que hay un solo Dios, el cual se habría de manifestar a sí mismo por medio de Jesucristo, su Hijo, que es su Palabra que procedió del silencio, y que en todo agradó a aquel que lo había enviado. Ahora bien, si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a una nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino considerando el domingo como el principio de su vida, pues en ese día amaneció también nuestra vida gracias al Señor y a su muerte, ¿cómo podremos nosotros vivir sin aquel a quien los mismos profetas, discípulos suyos ya en espíritu, esperaban como a su Maestro? Y, por eso, el mismo a quien justamente esperaban, una vez llegado, los resucitó de entre los muertos.
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Responsórios
castelhano$℣. $Qué dulce al paladar tu promesa, Señor. $℟. $Más que miel en la boca. $℟. $Dios es quien nos confirma en Cristo. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu. $℟. $El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros, cara a cara habló con nosotros. $℟. $Y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu. $℟. $Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición. $℟. $Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados, en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. $℟. $Porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.