Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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Sexta-feira da 16ª Semana do Tempo Comum
Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
Sexta-feira da 16ª Semana do Tempo Comum · Tempo Comum
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Ofício das Leituras — Sexta-feira da 16ª Semana do Tempo Comum
Tempo litúrgico: Tempo Comum · Cor: verde · Semana 3 do Saltério · Ciclo A
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhanoLa noche, el caos, el terror, cuanto a las sombras pertenece siente que el alba de oro crece y anda ya próximo el Señor. El sol, con lanza luminosa, rompe la noche y abre el día; bajo su alegre travesía, vuelve el color a cada cosa. El hombre estrena claridad de corazón, cada mañana; se hace la gracia más cercana y es más sencilla la verdad. ¡Puro milagro de la aurora! Tiempo de gozo y eficacia: Dios con el hombre, todo gracia bajo la luz madrugadora. ¡Oh la conciencia sin malicia! ¡La carne, al fin, gloriosa y fuerte! Cristo de pie sobre la muerte, y el sol gritando la noticia. Guárdanos tú, Señor del alba, puros, austeros, entregados; hijos de luz resucitados en la Palabra que nos salva. Nuestros sentidos, nuestra vida, cuanto oscurece la conciencia vuelve a ser pura transparencia bajo la luz recién nacida. Amén. $O bien:$ ¿Quién es este que viene, recién atardecido, cubierto por su sangre como varón que pisa los racimos? Éste es Cristo, el Señor, convocado a la muerte, glorificado en la resurrección. ¿Quién es este que vuelve, glorioso y malherido, y, a precio de su muerte, compra la paz y libra a los cautivos? Éste es Cristo, el Señor, convocado a la muerte, glorificado en la resurrección. Se durmió con los muertos, y reina entre los vivos; no le venció la fosa, porque el Señor sostuvo a su elegido. Éste es Cristo, el Señor, convocado a la muerte, glorificado en la resurrección. Anunciad a los pueblos qué habéis visto y oído; aclamad al que viene como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.
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Salmodia — Salmo 68, 2-22. 30-37-I: Me devora el celo de tu templo
castelhanoSalmo 68, 2-22. 30-37-I: Me devora el celo de tu templo
_Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios._
Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello: me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente. Estoy agotado de gritar, tengo ronca la garganta; se me nublan los ojos de tanto aguardar a mi Dios. Más que los pelos de mi cabeza son los que me odian sin razón; más duros que mis huesos, los que me atacan injustamente. ¿Es que voy a devolver lo que no he robado? Dios mío, tú conoces mi ignorancia, no se te ocultan mis delitos. Que por mi causa no queden defraudados los que esperan en ti, Señor de los ejércitos. Que por mi causa no se avergüencen los que te buscan, Dios de Israel. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí; cuando me visto de saco, se ríen de mí; sentados a la puerta cuchichean, mientras beben vino me sacan coplas. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 68, 2-22. 30-37-II
castelhanoSalmo 68, 2-22. 30-37-II
_En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre._
Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude: arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo. Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino, que no se cierre la poza sobre mí. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí; no escondas tu rostro a tu siervo: estoy en peligro, respóndeme enseguida. Acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos: estás viendo mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra; a tu vista están los que me acosan. La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 68, 2-22. 30-37-III
castelhanoSalmo 68, 2-22. 30-37-III
_Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón._
Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias; le agradará a Dios más que un toro, más que un novillo con cuernos y pezuñas. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas. El Señor salvará a Sion, reconstruirá las ciudades de Judá, y las habitarán en posesión. La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en ella. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoDel segundo libro de las Crónicas $2 Cro 20, 1-9.13-24 $
En aquellos días, los moabitas, los amonitas y algunos meunitas vinieron contra Josafat en son de guerra. Informaron a éste: «Una gran multitud procedente de Edom, al otro lado del mar Muerto, se dirige contra ti; ya se encuentran en Pedregal de Palma (la actual Fuentelchivo).» Josafat, asustado, decidió recurrir al Señor, proclamando un ayuno en todo Judá. Judíos de todas las ciudades se reunieron para pedir consejo al Señor. Josafat se colocó en medio de la asamblea de Judá y Jerusalén, en el templo, delante del atrio nuevo, y exclamó: «Señor, Dios de nuestros padres. ¿No eres tú el Dios del cielo, el que gobierna los reinos de la tierra, lleno de fuerza y de poder, al que nadie puede resistir? ¿No fuiste tú, Dios nuestro, quien expulsaste a los moradores de esta tierra delante de tu pueblo, Israel, y la entregaste para siempre a la estirpe de tu amigo Abrahán? La habitaron y construyeron en ella un santuario en tu honor, pensando: "Cuando nos ocurra una calamidad, espada, inundación, peste o hambre, nos presentaremos ante ti en este templo, porque en él estás presente, te invocaremos en nuestro peligro y tú nos escucharás y salvarás."» Todos los judíos, con sus mujeres e hijos, incluso los chiquillos, permanecían de pie ante el Señor. En medio de la asamblea, un descendiente de Asaf, el levita Yajziel, hijo de Zacarías, hijo de Benayas, hijo de Yeguiel, hijo de Matanías, tuvo una inspiración del Señor y dijo: «Judíos, habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat, prestad atención. Así dice el Señor: "No os asustéis ni acobardéis ante esa inmensa multitud, porque la batalla no es cosa vuestra, sino de Dios. Mañana bajaréis contra ellos cuando vayan subiendo la cuesta de las Flores; les saldréis al encuentro al final del barranco que hay frente al desierto de Yeruel. No tendréis necesidad de combatir; estad quietos y firmes, contemplando cómo os salva el Señor. Judá y Jerusalén, no os asustéis ni acobardéis. Salid mañana a su encuentro, que el Señor estará con vosotros."» Josafat se postró rostro en tierra, y todos los judíos y los habitantes de Jerusalén cayeron ante el Señor para adorarlo. Los levitas corajitas descendientes de Quehat se alzaron para alabar a grandes voces al Señor, Dios de Israel. De madrugada se pusieron en marcha hacia el desierto de Tecua. Cuando salían, Josafat se detuvo y dijo: «Judíos y habitantes de Jerusalén, escuchadme: confiad en el Señor, vuestro Dios, y subsistiréis; confiad en sus profetas, y venceréis.» De acuerdo con el pueblo, dispuso que un grupo revestido de ornamentos sagrados marchase en vanguardia, cantando y alabando al Señor con estas palabras: «Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.» Apenas comenzaron los cantos de júbilo y de alabanza, el Señor sembró discordias entre los amonitas, los moabitas y los serranos de Seír que venían contra Judá, y se mataron unos a otros. Los amonitas y moabitas decidieron destruir y aniquilar a los de Seír, y, cuando terminaron con ellos, se enzarzaron a muerte unos con otros. Llegó Judá al otero que domina el desierto, dirigió su mirada a la multitud y no vieron más que cadáveres tendidos por el suelo; nadie se había salvado.
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Leitura patrística
castelhanoSan Ambrosio de Milán $Tratado sobre los misterios (43.47-49: SC 25bis, 178-180.182) $
Los recién bautizados, enriquecidos con tales distintivos, se dirigen al altar de Cristo, diciendo: Me acercare al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud. En efecto, despojados ya de todo resto de sus antiguos errores, renovada su juventud como un águila, se apresuran a participar del convite celestial. Llegan, pues, y, al ver preparado el sagrado altar, exclaman: Preparas una mesa ante mi. A ellos se aplican aquellas palabras del salmista: El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Y más adelante: Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mi, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. Es, ciertamente, admirable el hecho de que Dios hiciera llover el maná para los padres y los alimentase cada día con aquel manjar celestial, del que dice el salmo: El hombre comió pan de ángeles. Pero los que comieron aquel pan murieron todos en el desierto; en cambio, el alimento que tú recibes, este pan vivo que ha bajado del cielo, comunica el sostén de la vida eterna, y todo el que come de él no morirá para siempre, porque es el cuerpo de Cristo. Considera, pues, ahora qué es más excelente, si aquel pan de ángeles o la carne de Cristo, que es el cuerpo de vida. Aquel maná caía del cielo, éste está por encima del cielo; aquél era del cielo, éste del Señor de los cielos; aquél se corrompía si se guardaba para el día siguiente, éste no sólo es ajeno a toda corrupción, sino que comunica la incorrupción a todos los que lo comen con reverencia. A ellos les manó agua de la roca, a ti sangre del mismo Cristo; a ellos el agua los sació momentáneamente, a ti la sangre que mana de Cristo te lava para siempre. Los judíos bebieron y volvieron a tener sed, pero tú, si bebes, ya no puedes volver a sentir sed, porque aquello era la sombra, esto la realidad. Si te admira aquello que no era más que una sombra, mucho más debe admirarte la realidad. Escucha cómo no era más que una sombra lo que acontecía con los padres: Bebían - dice el Apóstol- de la roca que los seguía, y la roca era Cristo; pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros. Los dones que tú posees son mucho más excelentes, porque la luz es más que la sombra, la realidad más que la figura, el cuerpo del Creador más que el maná del cielo.
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Responsórios
castelhano$℣. $El Señor nos instruirá en sus caminos. $℟. $Y marcharemos por sus sendas. $℟. $Nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados y poderes, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal. Estad firmes, abrochaos el cinturón de la verdad. $℣. $Estad quietos y firmes, contemplando cómo os salva el Señor. $℟. $Estad firmes, abrochaos el cinturón de la verdad. $℟. $Nuestros padres atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar. Todo esto les sucedía como un ejemplo. $℣. $Todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual. $℟. $Todo esto les sucedía como un ejemplo.
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Evangelho do dia (para meditação)
Mt 12,1-8
Naquele tempo, 1Jesus passou no meio de uma plantação num dia de sábado. Seus discípulos tinham fome e começaram a apanhar espigas para comer. 2Vendo isso, os fariseus disseram-lhe: “Olha, os teus discípulos estão fazendo o que não é permitido fazer em dia de sábado!” 3Jesus respondeu-lhes: “Nunca lestes o que fez Davi quando ele e seus companheiros sentiram fome? 4Como entrou na casa de Deus e todos comeram os pães da oferenda, que nem a ele nem aos seus companheiros era permitido comer, mas unicamente aos sacerdotes? 5Ou nunca lestes na lei que, em dia de sábado, no templo, os sacerdotes violam o sábado sem contrair culpa alguma? 6Ora, eu vos digo, aqui está quem é maior do que o templo. 7Se tivésseis compreendido o que significa: ‘Quero a misericórdia e não o sacrifício’, não teríeis condenado os inocentes. 8De fato, o Filho do homem é senhor do sábado”.
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Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre, y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.