Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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Sexta-feira da 2ª Semana do Tempo Comum
Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
Sexta-feira da 2ª Semana do Tempo Comum · Tempo Comum
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Ofício das Leituras — Sexta-feira da 2ª Semana do Tempo Comum
Tempo litúrgico: Tempo Comum · Cor: verde · Semana 1 do Saltério · Ciclo A
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhanoPor el dolor creyente que brota del pecado; por haberte querido de todo corazón; por haberte, Dios mío, tantas veces negado, tantas veces pedido, de rodillas, perdón. Por haberte perdido, por haberte encontrado. Porque es como un desierto nevado mi oración; porque es como la hiedra sobre un árbol cortado el recuerdo que brota cargado de ilusión. Porque es como la hiedra, déjame que te abrace, primero amargamente, lleno de flor después, y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace, y que mi vieja sombra se derrame a tus pies. ¡Porque es como la rama donde la savia nace, mi corazón, Dios mío, sueña que tú lo ves! Amén. $O bien:$ El dolor extendido por tu cuerpo, sometida tu alma como un lago, vas a morir y mueres por nosotros ante el Padre que acepta perdonándonos. Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele tu agonía en el mundo, en tus hermanos. Que hay hambre, ese resumen de injusticias; que hay hombre en el que estás crucificado. Gracias por tu palabra que está viva, y aquí la van diciendo nuestros labios; gracias porque eres Dios y hablas a Dios de nuestras soledades, nuestros bandos. Que no existan verdugos, que no insistan; rezas hoy con nosotros que rezamos. Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.
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Salmodia — Salmo 37-I: Oración de un pecador en peligro de muerte
castelhanoSalmo 37-I: Oración de un pecador en peligro de muerte
_Señor, no me castigues con cólera._
Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera; tus flechas se me han clavado, tu mano pesa sobre mí; no hay parte ilesa en mi carne a causa de tu furor, no tienen descanso mis huesos a causa de mis pecados; mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 37-II
castelhanoSalmo 37-II
_Señor, todas mis ansias están en tu presencia._
Mis llagas están podridas y supuran por causa de mi insensatez; voy encorvado y encogido, todo el día camino sombrío. Tengo las espaldas ardiendo, no hay parte ilesa en mi carne; estoy agotado, deshecho del todo; rujo con más fuerza que un león. Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia, no se te ocultan mis gemidos; siento palpitar mi corazón, me abandonan las fuerzas, y me falta hasta la luz de los ojos. Mis amigos y compañeros se alejan de mí, mis parientes se quedan a distancia; me tienden lazos los que atentan contra mí, los que desean mi daño me amenazan de muerte, todo el día murmuran traiciones. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 37-III
castelhanoSalmo 37-III
_Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío._
Pero yo, como un sordo, no oigo; como un mudo, no abro la boca; soy como uno que no oye y no puede replicar. En ti, Señor, espero, y tú me escucharás, Señor, Dios mío; esto pido: que no se alegren por mi causa, que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo. Porque yo estoy a punto de caer, y mi pena no se aparta de mí: yo confieso mi culpa, me aflige mi pecado. Mis enemigos mortales son poderosos, son muchos los que me aborrecen sin razón, los que me pagan males por bienes, los que me atacan cuando procuro el bien. No me abandones, Señor; Dios mío, no te quedes lejos; ven aprisa a socorrerme, Señor mío, mi salvación. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoDel libro del Deuteronomio $Dt 10, 12-11, 9.26-28 $
En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma, que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien. Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita, con todo, sólo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy. Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz; que el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero, dándole pan y vestido. Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto. Temerás al Señor, tu Dios, le servirás, te pegarás a él, en su nombre jurarás. Él será tu alabanza, él será tu Dios, pues él hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo. Amarás al Señor, tu Dios, guardarás sus consignas, sus decretos y preceptos, mientras te dure la vida. Sabedlo hoy: No se trata de vuestros hijos, que ni entienden ni han visto la instrucción de vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte y su brazo extendido, los signos y hazañas que hizo en medio de Egipto contra el Faraón, rey de Egipto, y contra todo su territorio; lo que hizo al ejército egipcio, a sus carros y caballos: precipitó sobre ellos las aguas del mar Rojo cuando os perseguían y acabó con ellos el Señor, hasta el día de hoy; lo que hizo con vosotros en el desierto, hasta que llegasteis a este lugar; lo que hizo con Datán y Abirón, hijos de Eliab, hijo de Rubén: la tierra abrió sus fauces y se los tragó con sus familias y tiendas, con su servidumbre y ganado, en medio de todo Israel; se trata de vosotros, que habéis visto con vuestros ojos las grandes hazañas que hizo el Señor. Guardaréis fielmente los preceptos que yo os mando hoy; así seréis fuertes, entraréis y tomaréis posesión de la tierra adonde cruzáis para conquistarla; prolongaréis vuestros años sobre la tierra que el Señor, vuestro Dios, prometió dar a vuestros padres y a su descendencia: una tierra que mana leche y miel. Mirad: Hoy os pongo delante bendición y maldición; la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido.»
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Leitura patrística
castelhanoDiadoco de Foticé $Capítulos sobre la perfección espiritual 12-14 $
El que se ama a sí mismo no puede amar a Dios; en cambio, el que, movido por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, deja de amarse a sí mismo ama a Dios. Y, como consecuencia, ya no busca nunca su propia gloria, sino más bien la gloria de Dios. El que se ama a sí mismo busca su propia gloria, pero el que ama a Dios desea la gloria de su Hacedor. En efecto, es propio del alma que siente el amor a Dios buscar siempre y en todas sus obras la gloria de Dios y deleitarse en su propia sumisión a él, ya que la gloria conviene a la magnificencia de Dios; al hombre, en cambio, le conviene la humildad, la cual nos hace entrar a formar parte de la familia de Dios. Si de tal modo obramos, poniendo nuestra alegría en la gloria del Señor, no nos cansaremos de repetir, a ejemplo de Juan Bautista: <i>Él tiene que crecer y yo tengo que menguar</i> (Jn 3,30). Sé de cierta persona que, aunque se lamentaba de no amar a Dios como ella hubiera querido, sin embargo, lo amaba de tal manera que el mayor deseo de su alma consistía en que Dios fuera glorificado en ella, y que ella fuese tenida en nada. El que así piensa no se deja impresionar por las palabras de alabanza, pues sabe lo que es en realidad; al contrario, por su gran amor a la humildad, no piensa en su propia dignidad, aunque fuese el caso que sirviese a Dios en calidad de sacerdote; su deseo de amar a Dios hace que se vaya olvidando poco a poco de su dignidad y que extinga en las profundidades de su amor a Dios, por el espíritu de humildad, la jactancia que su dignidad pudiese ocasionar, de modo que llega a considerarse siempre a sí mismo como un siervo inútil, sin pensar para nada en su dignidad, por su amor a la humildad. Lo mismo debemos hacer también nosotros, rehuyendo todo honor y toda gloria, movidos por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, que nos ha amado de verdad. Dios conoce a los que lo aman sinceramente, porque cada cual lo ama según la capacidad de amor que hay en su interior. Por tanto, el que así obra desea con ardor que la luz de este conocimiento divino penetre hasta lo más íntimo de su ser, llegando a olvidarse de sí mismo, transformado todo él por el amor. El que es así transformado vive y no vive; pues, mientras vive en su cuerpo, el amor lo mantiene en un continuo peregrinar hacia Dios; su corazón, encendido en el ardiente fuego del amor, está unido a Dios por la llama del deseo, y su amor a Dios le hace olvidarse completamente del amor a sí mismo, pues, como dice el Apóstol, <i>si empezamos a desatinar, a Dios se debía; si ahora nos moderamos es por vosotros</i> (2 Co 5,13).
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Responsórios
castelhano$℣. $Mis ojos se consumen aguardando tu salvación. $℟. $Y tu promesa de justicia. $℟. $Amemos a Dios, porque él nos amó primero. En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados. $℣. $Quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. $℟. $Y sus mandamientos no son pesados. $℟. $Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. $℣. $En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero. $℟. $Para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Evangelho do dia (para meditação)
Mc 3, 13-19
Naquele tempo, 13Jesus subiu ao monte e chamou os que ele quis. E foram até ele. 14Então Jesus designou Doze, para que ficassem com ele e para enviá-los a pregar, 15com autoridade para expulsar os demônios. 16Designou, pois, os Doze: Simão, a quem deu o nome de Pedro; 17Tiago e João, filhos de Zebedeu, aos quais deu o nome de Boanerges, que quer dizer “Filhos do trovão”; 18André, Filipe, Bartolomeu, Mateus, Tomé, Tiago, filho de Alfeu, Tadeu, Simão, o cananeu, 19e Judas Iscariotes, aquele que depois o traiu.
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Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.