Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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Sexta-feira da 1ª Semana do Tempo Comum
Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
Sexta-feira da 1ª Semana do Tempo Comum · Tempo Comum
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Ofício das Leituras — Sexta-feira da 1ª Semana do Tempo Comum
Tempo litúrgico: Tempo Comum · Cor: verde · Semana 4 do Saltério · Ciclo A
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhanoAsí te necesito de carne y hueso. Te atisba el alma en el ciclón de estrellas, tumulto y sinfonía de los cielos; y, a zaga del arcano de la vida, perfora el caos y sojuzga el tiempo, y da contigo, Padre de las causas, Motor primero. Mas el frío conturba en los abismos, y en los días de Dios amaga el vértigo. ¡Y un fuego vivo necesita el alma y un asidero! Hombre quisiste hacerme, no desnuda inmaterialidad de pensamiento. Soy una encarnación diminutiva; el arte, resplandor que toma cuerpo: la palabra es la carne de la idea: ¡encarnación es todo el universo! ¡Y el que puso esta ley en nuestra nada hizo carne su verbo! Así: tangible, humano, fraterno. Ungir tus pies, que buscan mi camino, sentir tus manos en mis ojos ciegos, hundirme, como Juan, en tu regazo, y -Judas sin traición- darte mi beso. Carne soy, y de carne te quiero. ¡Caridad que viniste a mi indigencia, qué bien sabes hablar en mi dialecto! Así, sufriente, corporal, amigo, ¡cómo te entiendo! ¡Dulce locura de misericordia: los dos de carne y hueso! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén. $O bien:$ En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma; pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. ¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz alzado y solo estás? ¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón? Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mi todas mis dolencias. El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña. Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta, ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta. Amén.
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Salmodia — Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-I: Súplica contra los perseguidores injustos
castelhanoSalmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-I: Súplica contra los perseguidores injustos
_Levántate, Señor, y ven en mi auxilio._
Pelea, Señor, contra los que me atacan, guerrea contra los que me hacen guerra; empuña el escudo y la adarga, levántate y ven en mi auxilio; di a mi alma: «Yo soy tu victoria.» Y yo me alegraré con el Señor, gozando de su victoria; todo mi ser proclamará: «Señor, ¿quién como Tú, que defiendes al débil del poderoso, al pobre y humilde del explotador?» Se presentaban testigos violentos: me acusaban de cosas que ni sabía, me pagaban mal por bien, dejándome desamparado. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-II
castelhanoSalmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-II
_Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso._
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos, me vestía de saco, me mortificaba con ayunos y desde dentro repetía mi oración. Como por un amigo o por un hermano, andaba triste; cabizbajo y sombrío, como quien llora a su madre. Pero, cuando yo tropecé, se alegraron, se juntaron contra mí y me golpearon por sorpresa; me laceraban sin cesar. Cruelmente se burlaban de mí, rechinando los dientes de odio. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-III
castelhanoSalmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-III
_Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará, Señor._
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo? Defiende mi vida de los que rugen, mi único bien, de los leones, y te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre la multitud del pueblo. Que no canten victoria mis enemigos traidores, que no hagan guiños a mi costa los que me odian sin razón. Señor, tú lo has visto, no te calles, Señor, no te quedes a distancia; despierta, levántate, Dios mío, Señor mío, defiende mi causa. Que canten y se alegren los que desean mi victoria, que repitan siempre: «Grande es el Señor» los que desean la paz a tu siervo. Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoDel libro del Eclesiástico $Eclo 43, 13-33 $
El poder de Dios traza el relámpago y acelera los rayos justicieros; crea para un fin un depósito y hace volar la nube como un buitre. Su poder condensa las nubes y desmenuza las piedras de granizo. La voz de su trueno estremece la tierra y, al verlo, tiemblan las montañas. Cuando él quiere, el ábrego sopla, la tormenta del norte, el ciclón y el huracán. Sacude la nieve como bandada de pájaros y, al bajar, se posa como langosta; su belleza blanca deslumbra los ojos y, cuando cae, se extasía el corazón; derrama escarcha como sal, sus cristales rebrillan como zafiros. Hace soplar el gélido cierzo, y su frío cuaja el estanque, hiela todos los depósitos y reviste el aljibe con una coraza; quema la hierba del monte como la sequía y los brotes de la dehesa como una llama; pero el destilar del rocío lo cura todo y fecunda en seguida la tierra reseca. Su sabiduría domeña el océano y planta islas en el mar; los navegantes describen su extensión y, al oírlos, nos asombramos; en él hay criaturas extrañas y toda especie de monstruos marinos. Por él tiene éxito su mensajero, y su palabra ejecuta su voluntad. Aunque siguiéramos, no acabaríamos; la última palabra: «Él lo es todo.» Encarezcamos su grandeza impenetrable, él es más grande que todas sus obras; el Señor es temible en extremo, y son admirables sus palabras. Los que ensalzáis al Señor, levantad la voz, esforzaos cuanto podáis, que aún queda más; los que alabáis al Señor, redoblad las fuerzas, y no os canséis, porque no acabaréis. ¿Quién lo ha visto, que pueda describirlo?; ¿quién lo alabará como él es? Quedan cosas más grandes escondidas, sólo un poco hemos visto de sus obras. Todo lo ha hecho el Señor, y a sus fieles les da sabiduría.
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Leitura patrística
castelhanoSan Atanasio de Alejandría $Sermón contra los gentiles (42-43: PG 25, 83-87) $
Ninguna cosa de las que existen o son hechas empezó a ser sino en él y por él, como nos enseña el evangelista teólogo, cuando dice: <i>En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada</i> (cf. Jn 1,1.3). Así como el músico, con la lira bien templada, ejecuta una armonía, combinando con los recursos del arte los sonidos graves con los agudos y los intermedios, así también la Sabiduría de Dios, teniendo en sus manos el universo como una lira, une las cosas de la atmósfera con las de la tierra, y las del cielo con las de la atmósfera, y las asocia todas unas con otras, gobernándolas con su voluntad y beneplácito. De este modo, produce un mundo unificado, hermosa y armoniosamente ordenado, sin que por ello el Verbo de Dios deje de permanecer inmutable junto al Padre, mientras pone en movimiento todas las cosas, según le place al Padre, con la invariabilidad de su naturaleza. Todo, en definitiva, vive y se mantiene, por donación suya, según su propio ser y, por él, compone una armonía admirable y verdaderamente divina. Tratemos de explicar esta verdad tan profunda por medio de una imagen: pongamos el ejemplo de un coro numeroso. En un coro compuesto de variedad de personas, de niños, mujeres, hombres maduros y adolescentes, cada uno, bajo la batuta del director, canta según su naturaleza y sus facultades: el hombre con voz de hombre, el niño con voz de niño, la mujer con voz de mujer, el adolescente con voz de adolescente, y, sin embargo, de todo el conjunto resulta una armonía. Otro ejemplo: nuestra alma pone simultáneamente en movimiento todos nuestros sentidos, cada uno según su actividad específica, y así, en presencia de algún estímulo exterior, todos a la vez se ponen en movimiento: el ojo ve, el oído oye, la mano toca, el olfato huele, el gusto gusta, y también sucede con frecuencia que actúan los demás miembros corporales, por ejemplo, los pies se ponen a andar. De manera semejante acontece en la creación en general. Ciertamente, los ejemplos aducidos no alcanzan a dar una idea adecuada de la realidad, y por esto es necesaria una más profunda comprensión de la verdad que quieren ilustrar. Es decir, que todas las cosas son gobernadas a un solo mandato del Verbo de Dios, de manera que, ejerciendo cada ser su propia actividad, del conjunto resulta un orden perfecto.
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Responsórios
castelhano$℣. $Hijo mío, conserva mis palabras. $℟. $Guarda mis mandatos, y vivirás. $℟. $Ensalzando a Dios, aunque mucho digamos, nunca acabaremos. La última palabra: «Él lo es todo.» $℣. $Encarezcamos su grandeza impenetrable, él es más grande que todas sus obras. $℟. $La última palabra: «Él lo es todo.» $℟. $Bendecid al Dios del cielo y alabadlo ante todos los vivientes, porque ha sido misericordioso con vosotros. $℣. $Bendecid al Señor, cantadle, proclamad sus maravillas. $℟. $Porque ha sido misericordioso con vosotros.
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Evangelho do dia (para meditação)
Mc 2,1-12
1Alguns dias depois, Jesus entrou de novo em Cafarnaum. Logo se espalhou a notícia de que ele estava em casa. 2E reuniram-se ali tantas pessoas, que já não havia lugar nem mesmo diante da porta. E Jesus anunciava-lhes a palavra. 3Trouxeram-lhe, então, um paralítico, carregado por quatro homens. 4Mas não conseguindo chegar até Jesus, por causa da multidão, abriram então o teto, bem em cima do lugar onde ele se encontrava. Por essa abertura desceram a cama em que o paralítico estava deitado. 5Quando viu a fé daqueles homens, Jesus disse ao paralítico: “Filho, os teus pecados estão perdoados”. 6Ora, alguns mestres da lei, que estavam ali sentados, refletiam em seus corações: 7“Como este homem pode falar assim? Ele está blasfemando: ninguém pode perdoar pecados, a não ser Deus”. 8Jesus percebeu logo o que eles estavam pensando no seu íntimo e disse: “Por que pensais assim em vossos corações? 9O que é mais fácil dizer ao paralítico: ‘Os teus pecados estão perdoados’ ou dizer: ‘Levanta-te, pega a tua cama e anda’? 10Pois bem, para que saibais que o Filho do homem tem, na terra, poder de perdoar pecados – disse ele ao paralítico –, 11eu te ordeno: levanta-te, pega tua cama e vai para tua casa!” 12O paralítico então se levantou e, carregando a sua cama, saiu diante de todos. E ficaram todos admirados e louvavam a Deus, dizendo: “Nunca vimos uma coisa assim”.
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Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.