Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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22 de dezembro — preparação imediata para o Natal
Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
22 de dezembro — preparação imediata para o Natal · Advento
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Ofício das Leituras — 22 de dezembro — preparação imediata para o Natal
Tempo litúrgico: Advento · Cor: roxo · Semana 3 do Saltério · Ciclo A
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhanoLa pena que la tierra soportaba, a causa del pecado, se ha trocado en canto que brota jubiloso, en labios de María pronunciado. El sí de las promesas ha llegado, la alianza se cumple, poderosa, el Verbo eterno de los cielos con nuestra débil carne se desposa. Misterio que sólo la fe alcanza, María es nuevo templo de la gloria, rocío matinal, nube que pasa, luz nueva en presencia misteriosa. A Dios sea la gloria eternamente, y al Hijo suyo amado, Jesucristo, que quiso nacer para nosotros y darnos su Espíritu divino. Amén. $O bien:$ ¡Cielos, lloved vuestra justicia! ¡Ábrete, tierra! ¡Haz germinar al Salvador! Oh Señor, Pastor de la casa de Israel, que conduces a tu pueblo, ven a rescatarnos por el poder de tu brazo. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador! Oh Sabiduría, salida de la boca del Padre, anunciada por profetas, ven a enseñarnos el camino de la salvación. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador! Oh Hijo de David, estandarte de los pueblos y los reyes, a quien clama el mundo entero, ven a libertarnos, Señor, no tardes ya. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador! Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, tú que reinas sobre el mundo, ven a libertar a los que en tinieblas te esperan. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador! Oh Sol naciente, esplendor de la luz eterna y sol de justicia, ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador! Oh Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, tú que unes a los pueblos, ven a libertar a los hombres que has creado. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador! Oh Emmanuel, nuestro rey, salvador de las naciones, esperanza de los pueblos, ven a libertarnos, Señor, no tardes ya. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador! Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo Como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 106 I: Acción de gracias por la liberación
castelhanoSalmo 106 I: Acción de gracias por la liberación
_Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres._
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que Él rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente. Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida; pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a una ciudad habitada. Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes. Yacían en oscuridad y tinieblas, cautivos de hierros y miserias; por haberse rebelado contra los mandamientos, despreciando el plan del Altísimo. Él humilló su corazón con trabajos, sucumbían y nadie los socorría. Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los sacó de las sombrías tinieblas, arrancó sus cadenas. Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Destrozó las puertas de bronce, quebró los cerrojos de hierro. Estaban enfermos por sus maldades, por sus culpas eran afligidos; aborrecían todos los manjares, y ya tocaban las puertas de la muerte. Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Envió su palabra para curarlos, para salvarlos de la perdición. Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Ofrezcedle sacrificios de alabanza, y contad con entusiasmo sus acciones. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 106 II
castelhanoSalmo 106 II
_Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas._
Entraron en naves por el mar, comerciando por las aguas inmensas. Contemplaron las obras de Dios, sus maravillas en el océano. Él habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto: subían al cielo, bajaban al abismo, el estómago revuelto por el mareo, rodaban, se tambaleaban como borrachos, y no les valía su pericia. Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar. Se alegraron de aquella bonanza, y él los condujo al ansiado puerto. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Aclámenlo en la asamblea del pueblo, alábenlo en el consejo de los ancianos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 106 III
castelhanoSalmo 106 III
_Los rectos lo ven y se alegran, y comprenden la misericordia del Señor._
Él transforma los ríos en desierto, los manantiales de agua en aridez; la tierra fértil en marismas, por la depravación de sus habitantes. Transforma el desierto en estanques, el erial en manantiales de agua. Coloca allí a los hambrientos, y fundan una ciudad para habitar. Siembran campos, plantan huertos, recogen cosechas. Los bendice, y se multiplican, y no les escatima el ganado. Si menguan, abatidos por el peso de infortunios y desgracias, el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes y los descarría por una soledad sin caminos levanta a los pobres de la miseria y multiplica sus familias como rebaños. Los rectos lo ven y se alegran, a la maldad se le tapa la boca. El que sea sabio, que recoja estos hechos y comprenda la misericordia del Señor. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoDel libro del profeta Isaías $Is 49, 14–50, 1 $
Sion decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado». ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Mira, en mis palmas te llevo tatuada, tus muros están siempre ante mí; los que te construyen van más aprisa que los que te destruyen, los que te arrasaban se alejan de ti. Levanta los ojos en torno y mira: todos se reúnen para venir a ti; por mi vida —oráculo del Señor— a todos los llevarás como vestido precioso, serán tu cinturón de novia. Porque tus ruinas, tus escombros, tu país desolado, resultarán estrechos para tus habitantes, mientras se alejarán los que te devoraban. Los hijos que dabas por perdidos te dirán otra vez: «Mi lugar es estrecho, hazme sitio para habitar». Pero tú dices: «¿Quién me engendró a éstos? Yo, sin hijos y estéril, ¿quién los ha criado? Me habían dejado sola, ¿de dónde vienen éstos?». Así dice el Señor: «Mira, con la mano hago seña a las naciones, alzo mi estandarte para los pueblos: traerán a tus hijos en brazos, a tus hijas las llevarán al hombro. Sus reyes serán tus ayos; sus princesas, tus nodrizas; rostro en tierra, te adorarán, lamerán el polvo de tus pies, y sabrás que yo soy el Señor, que no defraudo a los que esperan en mí. ¿Se le puede quitar la presa a un soldado, se le escapa su prisionero al vencedor? Si le quitan a un soldado el prisionero y se le escapa la presa al vencedor, yo mismo defenderé tu causa, yo mismo salvaré a tus hijos. Haré a tus opresores comerse su propia carne, se embriagarán de su sangre como de vino; y sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu salvador, y que tu redentor es el Héroe de Jacob». Así dice el Señor: «¿Dónde está el acta de repudio con que despedí a vuestra madre? ¿O a cuál de mis acreedores os he vendido? Mirad, por vuestras culpas fuisteis vendidos, por vuestros crímenes fue repudiada vuestra madre».
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Leitura patrística
castelhanoSan Beda el Venerable $Sobre el evangelio de san Lucas 1, 46-55 $
María dijo: <i>Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador</i> (Lc 1,46). El Señor —dice— me ha engrandecido con un don tan inmenso y tan inaudito, que no hay posibilidad de explicarlo con palabras, ni apenas el afecto más profundo del corazón es capaz de comprenderlo; por ello ofrezco todas las fuerzas del alma en acción de gracias, y me dedico con todo mi ser, mis sentidos y mi inteligencia a contemplar con agradecimiento la grandeza de aquel que no tiene fin, ya que mi espíritu se complace en la eterna divinidad de Jesús, mi salvador, con cuya temporal concepción ha quedado fecundada mi carne. <i>Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo</i> (Lc 1,47). Se refiere al comienzo del himno, donde había dicho: <i>Proclama mi alma la grandeza del Señor</i>. Porque sólo aquella alma a la que el Señor se digna hacer grandes favores puede proclamar la grandeza del Señor con dignas alabanzas y dirigir a quienes comparten los mismos votos y propósitos una exhortación como ésta: <i>Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre</i> (Sal 34 [33],4). Pues quien, una vez que haya conocido al Señor, tenga en menos el proclamar su grandeza y santificar su nombre en la medida de sus fuerzas será <i>el menos importante en el reino de los cielos</i> (Mt 5,19). Ya que el nombre del Señor se llama santo, porque con su singular poder trasciende a toda criatura y dista ampliamente de todas las cosas que ha hecho. <i>Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia</i> (Lc 1,54). Bellamente llama a Israel siervo del Señor, ya que efectivamente el Señor lo ha acogido para salvarlo por ser obediente y humilde, de acuerdo con lo que dice Oseas: <i>Israel es mi siervo, y yo lo amo</i> (cf. Os 11,1). Porque quien rechaza la humillación tampoco puede acoger la salvación, ni exclamar con el profeta: <i>Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida</i> (Sal 54 [53],1), y <i>el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos</i> (Mt 18,4). <i>Como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre</i> (Lc 1,55). No se refiere a la descendencia carnal de Abrahán, sino a la espiritual, o sea, no habla de los nacidos solamente de su carne, sino de los que siguieron las huellas de su fe, lo mismo dentro que fuera de Israel. Pues Abrahán había creído antes de la circuncisión, y su fe le fue tenida en cuenta para la justificación (cf. Rm 4,1-22). De modo que el advenimiento del Salvador se le prometió a Abrahán y a su descendencia por siempre, o sea, a los hijos de la promesa, de los que se dice: <i>Si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa</i> (Ga 3,29). Con razón, pues, fueron ambas madres quienes anunciaron con sus profecías los nacimientos del Señor y de Juan, para que, así como el pecado empezó por medio de las mujeres, también los bienes comiencen por ellas, y la vida que pereció por el engaño de una sola mujer sea devuelta al mundo por la proclamación de dos mujeres que compiten por anunciar la salvación.
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Responsórios
castelhano$℣. $Señor, Dios nuestro, restáuranos. $℟. $Que brille tu rostro y nos salve. $℣. $ ¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. $℟. $ Si mi padre y mi madre me abandonan, tú, Señor, me recogerás. $℟. $ Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. $℟. $Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo. $℣. $Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. $℟. $Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo,
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Evangelho do dia (para meditação)
Lc 1,46-56
Naquele tempo, 46Maria disse: “A minha alma engrandece o Senhor, 47e o meu espírito se alegra em Deus, meu salvador, 48porque olhou para a humildade de sua serva. Doravante todas as gerações me chamarão bem-aventurada, 49porque o Todo-poderoso fez grandes coisas em meu favor. O seu nome é santo, 50e sua misericórdia se estende, de geração em geração, a todos os que o temem. 51Ele mostrou a força de seu braço: dispersou os soberbos de coração. 52Derrubou do trono os poderosos e elevou os humildes. 53Encheu de bens os famintos e despediu os ricos de mãos vazias. 54Socorreu Israel, seu servo, lembrando-se de sua misericórdia, 55conforme prometera aos nossos pais, em favor de Abraão e de sua descendência para sempre”. 56Maria ficou três meses com Isabel; depois voltou para casa.
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Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.