Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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Quinta-feira da 7ª Semana do Tempo Comum
Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
Quinta-feira da 7ª Semana do Tempo Comum · Tempo Comum
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Ofício das Leituras — Quinta-feira da 7ª Semana do Tempo Comum
Tempo litúrgico: Tempo Comum · Cor: verde · Semana 2 do Saltério · Ciclo C
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhanoAutor del cielo y el suelo, que, por dejarlas más claras, las grandes aguas separas, pones un límite al hielo. Tú que das cauce al riachuelo y alzas la nube a la altura, tú que en cristal de frescura sueltas las aguas del río sobre las tierras de estío, sanando su quemadura, danos tu gracia, piadoso, para que el viejo pecado no lleve al hombre engañado a sucumbir a su acoso. Hazle en la fe luminoso, alegre en la austeridad, y hágale tu claridad salir de sus vanidades; dale, Verdad de verdades, el amor a tu verdad. Amén. $O bien:$ Éste es el día del Señor. Éste es el tiempo de la misericordia. Delante de tus ojos ya no enrojeceremos a causa del antiguo pecado de tu pueblo. Arrancarás de cuajo el corazón soberbio y harás un pueblo humilde de corazón sincero. En medio de las gentes nos guardas como un resto para cantar tus obras y adelantar tu reino. Seremos raza nueva para los cielos nuevos; sacerdotal estirpe, según tu Primogénito. Caerán los opresores y exultarán los siervos; los hijos del oprobio serán tus herederos. Señalarás entonces el día del regreso para los que comían su pan en el destierro. ¡Exulten mis entrañas! ¡Alégrese mi pueblo! Porque el Señor que es justo revoca sus decretos: La salvación se anuncia donde acechó el infierno, porque el Señor habita en medio de su pueblo.
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Salmodia — Salmo 88, 39-53-IV: Lamentación por la caída de la casa de David
castelhanoSalmo 88, 39-53-IV: Lamentación por la caída de la casa de David
_Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio._
Tú, encolerizado con tu Ungido, lo has rechazado y desechado; has roto la alianza con tu siervo y has profanado hasta el suelo su corona; has derribado sus murallas y derrocado sus fortalezas; todo viandante lo saquea, y es la burla de sus vecinos; has sostenido la diestra de sus enemigos y has dado el triunfo a sus adversarios; pero a él le has embotado la espada y no lo has confortado en la pelea; has quebrado su cetro glorioso y has derribado su trono; has acortado los días de su juventud y lo has cubierto de ignominia. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 88, 39-53-V
castelhanoSalmo 88, 39-53-V
_Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana._
¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido y arderá como un fuego tu cólera? Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida y lo caducos que has creado a los humanos. ¿Quién vivirá sin ver la muerte? ¿Quién sustraerá su vida a la garra del abismo? ¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia que por tu fidelidad juraste a David? Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos: lo que tengo que aguantar de las naciones, de cómo afrentan, Señor, tus enemigos, de cómo afrentan las huellas de tu Ungido. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 89: Baje a nosotros la bondad del Señor
castelhanoSalmo 89: Baje a nosotros la bondad del Señor
_Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre._
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios. Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. ¡Cómo nos ha consumido tu cólera y nos ha trastornado tu indignación! Pusiste nuestras culpas ante ti, nuestros secretos ante la luz de tu mirada: y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera, y nuestros años se acabaron como un suspiro. Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan. ¿Quién conoce la vehemencia de tu ira, quién ha sentido el peso de tu cólera? Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos; por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Danos alegría, por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas. Que tus siervos vean tu acción y sus hijos tu gloria. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoDel libro del Eclesiastés $Ecles 6, 12—7, 29 $
¿Quien sabe lo que valen en la vida del hombre esos días contados de su tenue vida, que transcurren como sombra? ¿Y quién le dice al hombre lo que va a pasar después bajo el sol? Más vale buena fama que buen perfume, y el día de la muerte que el del nacimiento. Más vale visitar la casa en duelo que la casa en fiestas, porque en eso acaba todo hombre; y el vivo, que se lo aplique. Más vale sufrir que reír, pues dolor por fuera cura por dentro. El sabio piensa en la casa en duelo, el necio piensa en la casa en fiesta. Más vale escuchar la reprensión de un sabio que escuchar la copla de un necio, porque el jolgorio de los necios es como crepitar de zarzas bajo la olla. Eso es otra vanidad. Las presiones perturban al sabio, y el soborno le quita el juicio. Más vale el fin de un asunto que el principio, y más vale paciencia que arrogancia. No te dejes arrebatar por la cólera, porque la cólera se aloja en el pecho del necio. No preguntes: «¿Por qué los tiempos pasados eran mejores que los de ahora?» Eso no lo pregunta un sabio. Buena es la sabiduría acompañada de patrimonio, y mejor es ver la luz del sol. A la sombra de la sabiduría, como a la sombra del dinero; pero aventaja la sabiduría, porque da vida a su dueño. Observa la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él ha torcido? En tiempo de prosperidad disfruta, en tiempo de adversidad reflexiona: Dios ha creado los dos contrarios para que el hombre no pueda averiguar su fortuna. Lo bueno es agarrar lo uno y no soltar lo otro, porque el que teme a Dios de todo sale bien parado. De todo he visto en mi vida, sin sentido: gente honrada que fracasa por su honradez, gente malvada que prospera por su maldad. No exageres tu honradez ni apures tu sabiduría ¿para qué matarse? No exageres tu maldad, no seas necio: ¿para qué morir malogrado? La sabiduría hace al sabio más fuerte que diez jefes en una ciudad. No hay en el mundo nadie tan honrado que haga el bien sin pecar nunca. No hagas caso de todo lo que se habla ni escuches a tu siervo cuando te maldice, pues sabes muy bien que tú mismo has maldecido a otros muchas veces. Todo esto lo he examinado con método, pensando llegar a sabio, pero me quedé muy lejos. Lo que existe es remoto y muy oscuro, ¿quién lo averiguará? Me puse a indagar a fondo, buscando sabiduría y recta valoración, procurando conocer cuál es la peor necedad, la necedad más absurda, y descubrí que es más trágica que la muerte la mujer cuyos pensamientos son redes y lazos y sus brazos cadenas. El que agrada a Dios se librará de ella, el pecador quedará cogido en ella. Mira lo que he averiguado, dice Qohelet, cuando me puse a averiguar paso a paso: estuve buscando sin encontrar. Si entre mil encontré sólo un hombre, entre todas ésas no encontré una mujer. Mira lo único que averigüé: Dios hizo al hombre equilibrado, y él se buscó preocupaciones sin cuento.
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Leitura patrística
castelhanoSan Columbano $De las instrucciones (Instrucción 1, Sobre la fe, 3-5: Opera, Dublín 1957, pp. 6266 $
Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según atestigua de sí mismo: Yo soy —dice— un Dios de cerca, no de lejos. El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros aquel que ha dicho: Habitaré y caminaré con ellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somos realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él —como dice el Apóstol— vivimos, nos movemos y existimos. ¿Quién, me pregunto, será capaz de penetrar en el conocimiento del Altísimo, si tenemos en cuenta lo inefable e incomprensible de su ser? ¿Quién podrá investigar las profundidades de Dios? ¿Quién podrá gloriarse de conocer al Dios infinito que todo lo llena y todo lo rodea, que todo lo penetra y todo lo supera, que todo lo abarca y todo lo trasciende? A Dios nadie lo ha visto jamás tal cual es. Nadie, pues, tenga la presunción de preguntarse sobre lo indescifrable de Dios, qué fue, cómo fue, quién fue. Éstas son cosas inefables, inescrutables, impenetrables; limítate a creer con sencillez, pero con firmeza, que Dios es y será tal cual fue, porque es inmutable. ¿Quién es, por tanto, Dios? El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son un solo Dios. No indagues más acerca de Dios; porque los que quieren saber las profundidades insondables deben antes considerar las cosas de la naturaleza. En efecto, el conocimiento de la Trinidad divina se compara, con razón, a la profundidad del mar, según aquella expresión del Eclesiastés: Lo que existe es remoto y muy oscuro, ¿quién lo averiguará? Porque, del mismo modo que la profundidad del mar es impenetrable a nuestros ojos, así también la divinidad de la Trinidad escapa a nuestra comprensión. Y, por esto, insisto, si alguno se empeña en saber lo que debe creer, no piense que lo entenderá mejor disertando que creyendo; al contrario, al ser buscado, el conocimiento de la divinidad se alejarán más aún que antes de aquel que pretenda conseguirlo. Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisiciones verbales, sino con la perfección de una buena conducta; no con palabras, sino con la fe que procede de un corazón sencillo y que no es fruto de una argumentación basada en una sabiduría irreverente. Por tanto, si buscas mediante el discurso racional al que es inefable, te quedarás muy lejos, más de lo que estabas; pero, si lo buscas mediante la fe, la sabiduría estará a la puerta, que es donde tiene su morada, y allí será contemplada, en parte por lo menos. Y también podemos realmente alcanzarla un poco cuando creemos en aquel que es invisible, sin comprenderlo; porque Dios ha de ser creído tal cual es, invisible, aunque el corazón puro pueda, en parte, contemplarlo.
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Responsórios
castelhano$℣. $En ti, Señor, está la fuente viva. $℟. $Y tu luz nos hace ver la luz. $℣. $¿Quién se atreverá a decir: «Tengo la conciencia pura, estoy limpio de pecado»? No hay en el mundo nadie tan honrado que haga el bien sin pecar nunca. $℟. $Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos; pero, si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel, nos perdonará. $℟. $No hay en el mundo nadie tan honrado que haga el bien sin pecar nunca. $℣. $Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes; Tu justicia hasta las altas cordilleras, tus sentencias son como el océano inmenso. $℟. $¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones! $℟. $Tu justicia hasta las altas cordilleras, tus sentencias son como el océano inmenso.
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Evangelho do dia (para meditação)
Mc 9,41-50
Naquele tempo, disse Jesus aos seus discípulos: 41“Quem vos der a beber um copo de água, porque sois de Cristo, não ficará sem receber a sua recompensa. 42E se alguém escandalizar um destes pequeninos que creem, melhor seria que fosse jogado no mar com uma pedra de moinho amarrada ao pescoço. 43Se tua mão te leva a pecar, corta-a! É melhor entrar na vida sem uma das mãos do que, tendo as duas, ir para o inferno, para o fogo que nunca se apaga. 45Se teu pé te leva a pecar, corta-o! É melhor entrar na vida sem um dos pés do que, tendo os dois, ser jogado no inferno. 47Se teu olho te leva a pecar, arranca-o! É melhor entrar no Reino de Deus com um olho só do que, tendo os dois, ser jogado no inferno, 48‘onde o verme deles não morre e o fogo não se apaga’. 49Pois todos hão de ser salgados pelo fogo. 50Coisa boa é o sal. Mas se o sal se tornar insosso, com que lhe restituireis o tempero? Tende, pois, sal em vós mesmos e vivei em paz uns com os outros”.
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Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte en nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.