Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
Quarta-feira da 7ª Semana da Quaresma · Quaresma
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Ofício das Leituras — Quarta-feira da 7ª Semana da Quaresma
Tempo litúrgico: Quaresma · Cor: roxo · Semana 2 do Saltério · Ciclo B
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhano¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza! Cantemos la nobleza de esta guerra, el triunfo de la sangre y del madero; y un Redentor, que en trance de Cordero, sacrificado en cruz, salvó la tierra. Dolido mi Señor por el fracaso de Adán, que mordió muerte en la manzana, otro árbol señaló, de flor humana, que reparase el daño paso a paso. Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida, y que el Amor redima la condena!» La gracia está en el fondo de la pena, y la salud naciendo de la herida. ¡Oh plenitud del tiempo consumado! Del seno de Dios Padre en que vivía, ved la Palabra entrando por María en el misterio mismo del pecado. ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena, y a Dios como el menor de los humanos? Llorando en el pesebre, pies y manos le faja una doncella nazarena. En plenitud de vida y de sendero, dio el paso hacia la muerte porque él quiso. Mirad de par en par el paraíso abierto por la fuerza de un Cordero. Al Dios de los designios de la historia, que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza; al que en la cruz devuelve la esperanza de toda salvación, honor y gloria. Amén.
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Salmodia — Salmo 38-I: Súplica de un enfermo
castelhanoSalmo 38-I: Súplica de un enfermo
_También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo._
Yo me dije: «vigilaré mi proceder, para que no se me vaya la lengua; pondré una mordaza a mi boca mientras el impío esté presente.» Guardé silencio resignado, no hablé con ligereza; pero mi herida empeoró, y el corazón me ardía por dentro; pensándolo me requemaba, hasta que solté la lengua. «Señor, dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis años, para que comprenda lo caduco que soy.» Me concediste un palmo de vida, mis días son nada ante ti; el hombre no dura más que un soplo, el hombre pasa como una sombra, por un soplo se afana, atesora sin saber para quién. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 38-II
castelhanoSalmo 38-II
_Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto._
Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Tú eres mi confianza. Líbrame de mis inquietudes, no me hagas la burla de los necios. Enmudezco, no abro la boca, porque eres tú quien lo ha hecho. Aparta de mí tus golpes, que el ímpetu de tu mano me acaba. Escarmientas al hombre castigando su culpa; como una polilla roes sus tesoros; el hombre no es más que un soplo. Escucha, Señor, mi oración, haz caso de mis gritos, no seas sordo a mi llanto; porque yo soy huésped tuyo, forastero como todos mis padres. Aplácate, dame respiro, antes de que pase y no exista. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 51: Contra la violencia de los calumniadores
castelhanoSalmo 51: Contra la violencia de los calumniadores
_Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás._
¿Por qué te glorías de la maldad y te envalentonas contra el piadoso? Estás todo el día maquinando injusticias, tu lengua es navaja afilada, autor de fraudes; prefieres el mal al bien, la mentira a la honradez; prefieres las palabras corrosivas, lengua embustera. Pues Dios te destruirá para siempre, te abatirá y te barrerá de tu tienda; arrancará tus raíces del suelo vital. Lo verán los justos, y temerán, y se reirán de él: «Mirad al valiente que no puso en Dios su apoyo, confió en sus muchas riquezas, se insolentó en sus crímenes.» Pero yo, como verde olivo, en la casa de Dios, confío en la misericordia de Dios por siempre jamás. Te daré siempre gracias porque has actuado; proclamaré delante de tus fieles: «Tu nombre es bueno» Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoDe la carta a los Hebreos $Heb 12, 14-29 $
Hermanos: Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor. Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos. Y porque nadie se prostituya y profane como Esaú, que por un solo plato vendió sus derechos de primogénito. Sabéis que más tarde quiso heredar la bendición, pero fue excluido, pues no obtuvo la retractación, por más que la pidió hasta con lágrimas. Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. No podían soportar lo que mandaba: «Quien toque el monte, aunque sea un animal, morirá apedreado». Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés exclamó: «Estoy temblando de miedo». Vosotros os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel. Cuidado con rechazar al que habla, pues, si aquellos no escaparon por haber rechazado al que transmitía los oráculos en la tierra, cuánto menos nosotros, si volvemos la espalda al que habla desde el cielo. Su voz entonces hizo vacilar la tierra, pero ahora tiene prometido esto: «La última vez haré vacilar no solo la tierra, sino también el cielo». Esa «última vez» indica la desaparición de lo que vacila, por ser creado, para que quede lo inconmovible. Por eso, nosotros, que recibimos un reino inconmovible, estemos agradecidos; sirvamos así a Dios como a él le agrade, con meticuloso esmero, porque nuestro Dios es fuego devorador.
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Leitura patrística
castelhanoSan Agustín de Hipona $Tratados sobre el evangelio de San Juan 84, 1-2 $
El Señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: <i>Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos</i> (Jn 15,13). Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista Juan en su carta: Cristo<i> dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos</i> (1 Jn 3,16), amándonos mutuamente como él nos amó, que dio su vida por nosotros. Es la misma idea que encontramos en el libro de los Proverbios: <i>Sentado a la mesa de un señor, mira bien qué te ponen delante</i> (Pr 23,1), y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante. Esta <i>mesa de tal señor</i> no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros. <i>Sentarse a ella</i> significa acercarse a la misma con humildad. <i>Mirar bien lo que nos ponen delante</i> equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa lo que ya he dicho antes: que así como <i>Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos</i> (1 Jn 3,16). Como dice el apóstol Pedro: <i>Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas</i> (1 Pe 2,21). Esto significa preparar algo semejante. Esto es lo que hicieron los mártires, llevados por un amor ardiente; si no queremos celebrar en vano su recuerdo, y si nos acercamos a la mesa del Señor para participar del banquete en que ellos se saciaron, es necesario que, tal como ellos hicieron, preparemos luego nosotros algo semejante. Por esto, al reunirnos junto a la mesa del Señor, no los recordamos del mismo modo que a los demás que descansan en paz, para rogar por ellos, sino más bien para que ellos rueguen por nosotros, a fin de que sigamos su ejemplo, ya que ellos pusieron en práctica aquel amor del que dice el Señor que no hay otro más grande. Ellos mostraron a sus hermanos la manera como hay que preparar algo semejante a lo que también ellos habían tomado de la mesa del Señor. Lo que hemos dicho no hay que entenderlo como si nosotros pudiéramos igualarnos al Señor, aun en el caso de que lleguemos por él hasta el testimonio de nuestra sangre. Él era libre para dar su vida y libre para volverla a tomar, nosotros no vivimos todo el tiempo que queremos y morimos aunque no queramos; él, en el momento de morir, mató en sí mismo a la muerte, nosotros somos librados de la muerte por su muerte; su carne no experimentó la corrupción, la nuestra ha de pasar por la corrupción, hasta que al final de este mundo seamos revestidos por él de la incorruptibilidad; él no necesitó de nosotros para salvarnos, nosotros sin él nada podemos hacer; él, a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid, nosotros, separados de él, no podemos tener vida. Finalmente, aunque los hermanos mueran por sus hermanos, ningún mártir derrama su sangre para el perdón de los pecados de sus hermanos, como hizo él por nosotros, ya que en esto no nos dio un ejemplo que imitar, sino un motivo para congratularnos. Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros.
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Responsórios
castelhano$℣. $Cuando yo sea elevado sobre la tierra. $℟. $Atraeré a todos hacia mí. $℟. $Al escuchar la voz que salía de la tiniebla, mientras el monte Sinaí ardía, os acercasteis a Moisés y le dijisteis: «El Señor, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y sus grandezas.» $℣. $Ahora os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo. $℟. $«El Señor, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y sus grandezas.» $℟. $En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. $℣. $Dios nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. $℟. $Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Oh Dios, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.